Romero Calonge, Julián Luis

Carlos de Usera

Romero Calonge, Julián Luis

Cargo: Concejal por Socuéllamos (Ciudad Real)

Nacimiento: 30/10/1893, Socuéllamos, provincia de Ciudad Real

Fallecimiento 6/2/1981, Socuéllamos, provincia de Ciudad Real

Biografía:

Miembro de la UGT y afiliado a la AS de Socuéllamos (Ciudad Real). Conocido como “El Mueve”. Durante la guerra civil fue concejal del ayuntamiento de dicha localidad. Finalizada la guerra fue detenido pasando cinco años preso en Tomelloso (Ciudad Real). Falleció en Socuéllamos el 6 de febrero de 1981.
(Julián, en la iglesia, pero Luis Romero Calonge, para los demás. Era un hombre tranquilo que caminaba por Socuéllamos con la misma naturalidad con la que cada atardecer se acercaba al ayuntamiento. Para muchos era el hermano Luis, a secas. Para otros, “el mueve”; un apodo que le habían puesto de joven y que acabó por convertirse en parte de su identidad, que formaba parte de él, como su mirada clara o su forma pausada de hablar.
Durante la guerra civil fue concejal socialista. No fue un tiempo fácil para nadie, pero en nuestro pequeño ayuntamiento la vida institucional siguió adelante. Con más esfuerzo, con más miedo, con más ausencias, sí, pero siguió. Se aprobaban arreglos de caminos, se discutía sobre escuelas, de alumbrado, se intentaba que la vida diaria no se rompiera del todo. Luis siempre defendió que ese era su deber, que los vecinos necesitaban que el consistorio funcionara, que la política servía de poco si no protegía el día a día de la gente, incluso en esos tiempos tan feroces y convulsos.
Cuando la guerra estaba ya perdida, unos días antes de aquel tremendo “Bando de la Victoria”, algo en él se afirmó. No discutió, no buscó refugio ni preparó maletas. Se levantó temprano y caminó hacia el ayuntamiento como si fuera un día más. Subió las escaleras, entró en el despacho del alcalde y allí se quedó, sentado con una calma que sólo tienen quienes saben que han actuado con rectitud. Estuvo así un día entero, escuchando desde la ventana el rumor del pueblo que parecía contener la respiración.
Al amanecer, un grupo de “notables” falangistas llegó para hacerse con el edificio que siempre habían considerado como suyo. Entraron con paso firme, pero se encontraron con la sorpresa de verlo allí sentado, tan sereno. Le preguntaron por qué no había huido. Luis los miró con una dignidad sencilla y dijo que no tenía motivo para esconderse. Que no había hecho otra cosa que servir a sus vecinos. Que el cargo no era suyo, sino del pueblo que lo había elegido. Y que, habiendo perdido la guerra, él mismo entregaba el ayuntamiento en nombre de ese pueblo.
Aquel gesto los desconcertó. Había en su presencia algo que imponía respeto, algo que no lograban comprender quienes estaban acostumbrados a que todo se rindiera y humillara ante ellos. Le permitieron volver a su casa a despedirse de su familia, quizá porque su serenidad los dejó sin palabras. Después vino la cárcel en aquellas cuevas vinateras, oscuras, que habilitaron como prisión en Tomelloso. Vinieron las vejaciones y el trato cruel que tantos padecieron en aquellos años oscuros. Luis sobrevivió, pero la oscuridad, la humedad, el hambre apenas paliada por el esfuerzo de su familia, dejaron marcas en sus pulmones que sólo el tiempo pudo intentar suavizar. Nunca renegó de su papel ni de sus convicciones. Tampoco cultivó el odio. Solo aspiraba a que todos pudieran vivir sin miedo.
Figuras como la suya sostienen silenciosamente la historia. Hombres que, en medio del derrumbe, mantuvieron el decoro y el deber. Su vida es un recordatorio de que la dignidad no hace ruido, pero cuando está presente se hace notar. Hoy, este pequeño acto de recuerdo quiere ser un homenaje sencillo a Luis Romero Calonge, “el mueve”, cuya honradez y valentía merecen seguir presentes en la memoria democrática de nuestro pueblo y en el corazón de quienes lean esta historia).

Fotografía: Archivo fotográfico FPI

Fuentes:

L.M. MIÑARRO. Julián Luis Romero Calonge; Familia Romero